El sentido de mirar morir · 30 Fantasia
La sección Cheval Noir de la 30.ª edición del Fantasia International Film Festival acoge más de diez cintas, incluyendo óperas primas y estrenos de jóvenes promesas. Lo nuevo del cineasta danés Kasper Kalle, No Rest For The Wicked, ha encontrado su lugar en este apartado de la competición.
Adaptando el relato del alemán Karl H. Ulrichs, lleva a la gran pantalla una de las primeras manifestaciones del vínculo entre el vampirismo y la homosexualidad masculina. Con las islas Feroe como escenario, nos acercamos a la historia de amor entre Har y Manor, que rápidamente se ve atravesada por la muerte trágica del segundo de ellos. El amor que se profesan impide que el difunto descanse en su tumba y, con la intercesión de Urdaneta (descrito como un ente poseedor de poderes demoníacos), se levanta de ella y vuelve cada noche al lecho de Har.
Algunas variaciones diferencian la obra original de su adaptación al cine: los protagonistas toman los nombres de Baldur (Egor Venned) y Helge (Pilou Asbæk) en la película, los diálogos entre ellos se tornan más íntimos y poéticos y es distinta la manera de traer a H. de vuelta a la vida.
En el largo, la llegada del marinero a una pequeña isla de pescadores sin árboles mina la estabilidad de B., huérfano de padre que convive con una madre en duelo perpetuo. El forastero llega clamando promesas: se llevará las islas con todas sus nubes, con su viento y su sol, con todas sus mujeres y hombres. Un aviso le silencia, la advertencia de que pueden ser las islas quienes se se apoderen de él.
El primer encuentro entre B. y H. anticipa una tormenta que jamás viene sola, que se asemeja mucho a una víspera y suena a muerte. La convivencia en la penumbra dura poco tiempo, las habitaciones mal alumbradas ven cómo sus lámparas de aceite se apagan y el olor de la sangre comienza a brotar de las paredes.
El desfallecimiento sexual nos obliga a gestos y expresiones del morir (jadeos y estertores como de agonía; lamentos y quejidos arrancados por el paroxismo).
Baldur no supo adivinar, al encontrarse con Helge lleno de vida junto a su sentencia, que sería él quien le enseñaría a mirar morir. Si el acto sexual implica una suerte de muerte, podemos pensar en la primera mitad del metraje como mensaje premonitorio.
Una mañana, un naufragio. Llega la Muerte con las ropas de H. a la orilla donde se dio el primer encuentro. ¿Qué hacer? ¿Un sacrificio de sangre? Devolver al mar lo que dio algún día, permitir que el amado nazca de la propia herida y que resucite por la sangre del que se queda. ¿Dejar que el agua se nos meta dentro, quizá? Que se nos olvide quiénes somos, convertirnos en vehículo de últimas voluntades. El amor hace todo eso, incluso muerto, el agua es su emisora.
El mismo cuerpo inerte que nada con los ojos cerrados, ahora en esta cama. Desaparece con la luz del sol y no deja atrás más que el carmesí en las sábanas, el rastro de la sangre bajando del pecho.
No Rest For The Wicked extiende la herencia de los uranistas de entonces: una cara nueva para san Sebastián y un legado de olas rojas que resuenan ahora en la obra de Kalle. Que sean muchos los ojos que se paseen por los torsos pálidos de los amantes, que sean los mismos que recuperen a Ulrichs del olvido que acompaña al tiempo.
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