Nuevas formas de mirar cosas viejas

Lo «noir» en Roger Rabbit y Genesis Noir

Renuncio a noviembre como mes temático del noir y propongo trasladarlo a febrero. Sin saber dónde me metía, en este pasado mes me he encontrado con el primer juego del estudio Feral Cat Den y con el mítico Roger Rabbit; tanto el juego como la película me enfrentaron, sin previo aviso, a la figura de la que tanto he escrito, la femme fatale. La protagonista de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1988) podría servir como reflejo de la cantante en apuros que se nos da el deber de salvar en Genesis Noir.

Los rasgos de lo noir se presentan de maneras muy distintas en estas dos obras que tanto guardan en común. Mientras que Roger Rabbit se acerca al tema como algo divertido y liviano (aun con sus muchísimas sombras), el videojuego propone un viaje de expiación donde el objetivo es perdonarnos a nosotros mismos. Genesis Noir ha servido como paño caliente que me ha ayudado a lidiar con la pena que supone mi situationship con la culpa. Una llaga que actúa de compañera fiel y eterna, que otorga el poder de adivinar el futuro y anticipar otras pesadumbres.


Una de las primerísimas escenas de la película de la infancia de todos (serviré como excepción) mostraba a un productor desquiciado por presupuestos en un decorado hollywoodiense. Puede que su turbación se debiera, en parte, a la presencia de cuatro teléfonos fijos en la mesa. Desde el minuto uno cumplía Zemeckis con mi certificado de calidad personal, sé que él jamás se olvidaría de los teléfonos. Encontramos desde el inicio elementos exacerbados que crean una atmósfera extraña (solo para nosotros, claro está), donde se mezcla el tono característico de una cinta de dibujos animados con una trama detectivesca guiada por actores de carne y hueso.

La frontera mágica entre el dibujo y la imagen real se reafirma con un recorrido por los estudios de cine que veremos durante el resto del metraje, cuando se nos muestra a un músico tocando el saxofón para las escobas de Fantasía (1940). Sirva esto de introducción para una obra donde se suceden sin parar cameos pintados en escalas de gris y a todo color. Me hace especial ilusión ver a esa Betty Boop gris justo antes de la aparición de Jessica Rabbit sobre el escenario. Se nos presenta el personaje en torno al cual girará el argumento tras la revelación del punto del que partimos: la figura más célebre de Maroon Cartoons, Roger Rabbit, motiva la preocupación de su jefe al estar más abstraído que de costumbre; sospechando que puede tratarse de un asunto del corazón, contrata a un detective privado (Bob Hoskins) para que investigue una posible infidelidad de su pareja, Jessica Rabbit.


Tampoco nos gustan tanto los live action, ¿verdad?

Ni los artículos de broma comercializados por Acme (que podrían haber sido los responsables de conquistar a Jessica), ni el chillón mundo «de los dibus» y ni siquiera el villano encarnado por Christopher Lloyd (¡Doc!) son capaces de disipar la niebla que se forma alrededor de la producción de Walt Disney Studios. La comedia que implica la trama trata de disimular la oscuridad que esconden los entresijos de Hollywood y de la ciudad al completo. El espíritu de la ficción noir envuelve la película, que no se corta a la hora de incluir escenas extrañas que espantarían al público infantil.

El gran descubrimiento de la película no opaca la impresión que me dejó Genesis Noir (2021), acompañándome en mi revisión del subgénero criminal. El juego abandona al jugador a su suerte en medio de un cuadro de Edward Hopper, a altas horas de la noche frente a una cafetería para solitarios bautizada en su honor.

Me siento solo. El café barato se enfría mientras digo cada uno de los muchos nombres que habrías tenido. Sabiendo que me mirarías y sentirías orgullo, me siento destrozado. La imaginación alberga lo oscuro y lo desconocido en forma de mitos, y eso es todo lo que eres.

El ambiente se crea solo, entre notas de Skillbard que embriagan de jazz, y la relación con el tipo de cine con el que comparte carácter termina por explicitarse.


La presentación temprana de una figura divina omnipresente crea la ilusión de que la propuesta del estudio neoyorkino puede acercarse a la idea de jugar a ser Dios, la cual se ve reforzada por dinámicas dentro del propio juego. La potestad que se nos da para nombrar contribuye a este pensamiento.

Doy forma a planetas, planto estrellas, trazo constelaciones, fumo puros, investigo un suceso de impacto universal, vendo tiempo almacenado en los bolsillos interiores de mi gabardina (en forma de relojes de muñeca), marco números en un antiguo teléfono, acumulo agujeros negros en una chaqueta en la que todo cabe (y que podría ser perfectamente un producto de Acme). La partida me sumerge en una amalgama de objetos que traen recuerdos nítidos del pasado y que me fuerzan a rememorar sucesos donde no puedo modificar lo ocurrido ni sus consecuencias; era un espejismo la posibilidad de jugar a ser Dios.

Conozco la existencia en sus infinitas formas, encarno a cazadores primitivos y a samuráis, intervengo en rituales milenarios, trasteo viejas máquinas en un laboratorio anticuado, viajo por distintos planos y realidades posibles; hablo una única vez y digo «No». La experiencia de Genesis Noir no debe alejarse demasiado de la que da un viaje de ayahuasca, con ritmos y colores provenientes de todas partes en su tramo final. La odisea por la Constante y la correspondiente revisión de su mitología construyen una pericia digna de experimentar.

Recuperada ya tras haber terminado la investigación que propone el juego desde su primer momento, espero con ansias lo siguiente del estudio de Brooklyn: Nirvana Noir. Podría funcionar como secuela espiritual del viaje espacial, podría hacerlo como lo que el propio juego quisiera; pero escribiremos en torno a esto cuando al fin podamos jugarlo. No puedo prometer que no vuelva a Genesis Noir en este tiempo de espera, lo que sí puedo asegurar es que no volveré a hacerlo con mando, no quiero volver a ese tedio.


Nos leemos pronto, mucho antes de que termine el desarrollo de Nirvana Noir.

Comentarios

Entradas populares