Caravan: muere de sed el mar
Llega a salas el debut en el largo de Zuzana Kirchnerová, de la mano de Reverso Films
Hoy, viernes 6 de marzo, llega a los cines nacionales la ópera prima de Zuzana Kirchnerová, cineasta checa que decide debutar con una autoficción cruda. La directora se une a los tantos autores que han proyectado sus vivencias personales en cintas, libros y otros contendientes de invenciones. Kirchnerová llega a España tras un recorrido por festivales que incluye al Festival Internacional de Cine de Gijón, además de haber formado parte de la sección Un certain regard del reputado Festival de Cannes; en ambos casos dentro de la programación de sus secciones oficiales.
Al profundizar en su historial con el cine, cabe destacar su formación en los pasillos de la FAMU (Escuela de Cine y Televisión de la Academia de Artes Escénicas en Praga), una de las escuelas del séptimo arte más antiguas del mundo. Bába (2008), su cortometraje de graduación, fue premiado en la sección Cinéfondation del Festival de Cannes celebrado el pasado año 2009. Los temas presentados en esta primera pieza remiten directamente a los que toca más de diez años después en Caravan: temas sociales desde un punto de vista empático y humano.
Al profundizar en su historial con el cine, cabe destacar su formación en los pasillos de la FAMU (Escuela de Cine y Televisión de la Academia de Artes Escénicas en Praga), una de las escuelas del séptimo arte más antiguas del mundo. Bába (2008), su cortometraje de graduación, fue premiado en la sección Cinéfondation del Festival de Cannes celebrado el pasado año 2009. Los temas presentados en esta primera pieza remiten directamente a los que toca más de diez años después en Caravan: temas sociales desde un punto de vista empático y humano.
¿El mar también es tuyo? El mar no es de nadie.
El sonido de las olas y un gran azul desenfocado se muestran en primera instancia al espectador a la vez que se escucha una promesa entre susurros, la de ver el mar. Al cumplirla casi instantáneamente, queda presentado el personaje central de la película, que no puede separarse del simbolismo que le acompaña. Tras el desastroso inicio de un viaje con el objetivo de visitar a unos amigos en Italia, estos dan la espalda a una agotada Ester (Anna Geislerová) e, ignorando su papel como anfitriones, la destierran a una caravana en su jardín junto a su hijo David (David Vodstrčil), señalado constantemente por su discapacidad.
Ignorando cualquier sesgo moral, Ester arranca la caravana y se aleja del jardín en plena noche. A partir de entonces, atestiguamos el intento de evasión de una mujer mermada por su rutina que huye en un vehículo robado entre propiedades privadas y pueblos italianos. Adoptando un estilo de vida nómada, se nos muestran episodios diarios que alteran el transcurso habitual de las horas de Ester, en ruta perpetua.
En su deambular, Ester y David se toparán con Zuza (Juliana Oľhová), una joven checa sin rumbo ni destino que encarna el ideal de libertad que Ester desea. Ésta se unirá a la senda de los protagonistas, haciéndose un espacio en la descuidada caravana. El deseo y la culpa entran en conflicto en la psique de la madre que, en su soledad, ha renunciado a todo lo que no incumbe al bienestar de su hijo. Estando ahora acompañada, puede permitirse dar rienda suelta a algunos de sus anhelos, relegando la responsabilidad del hijo dependiente a la nueva acompañante.
La búsqueda de una liberación queda opacada por la búsqueda de un trabajo, desde el primer momento en que falta el dinero y rugen las tripas. Entre labor y labor, Ester busca un amor que le sirva de distracción, que le recuerde que su cuerpo sirve más que para proteger. Una de las escenas más bellas de la cinta supone la consumación del deseo más desesperado de la madre, que consigue desligar su existencia (siempre inseparable de la del hijo) de la de David y se presenta individualmente al fin.
El breve estudio de la culpa y frustración de quienes dedican sus vidas al cuidado de los otros olvidándose de sí mismos por el camino, es la parte más interesante del filme -sin obviar las labores actorales, de dirección y fotografía (de Denisa Buranová y Simona Weisslecher); junto al trabajo en el subtitulado realizado por Marina Garín Martínez-.
La visión de los padecimientos desde el punto de vista de los familiares situados alrededor me ha acompañado estos últimos meses, en los que he podido aprender de autoras que proyectan sobre sus obras sus experiencias propias. Un fragmento de Marion Fayolle en su obra La ternura de las piedras (Nórdica, 2016), sobre el perderse en las afecciones ajenas pero cercanas, podría ser el broche de oro que cierre este escrito sobre la humanista Caravan:
Poco a poco, nos volvíamos extensiones de su cuerpo. Lo que él ya no podía hacer, lo hacíamos nosotros. Lo relevábamos, lo completábamos, éramos sus brazos, sus piernas, su voz. Todo lo que le faltaba se lo prestábamos.
Hasta tal punto que pasado un tiempo ya no sabíamos si los brazos eran suyos o nuestros, si mi boca seguía siendo mía o si era también suya.
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