Como si nunca hubieses pisado esta tierra

Reverso Films estrena Yunan, lo último de Ameer Fakher Eldin

Debo al primer estreno de 2026 que he podido ver el descubrimiento de la incipiente filmografía de Ameer Fakher Eldin, cineasta sirio que estrena su segundo largometraje el próximo viernes 30 de enero. Yunan es la segunda parte de la «Trilogía del Exilio» que está llevando a cabo el director, donde se pregunta cómo muta la identidad fuera del país natal y cómo se convive con ello. La soledad y los vacíos se tornan más graves en naciones más frías y lejanas, parece que todo se enrarece de cierta manera en la distancia. Estos temas, que se exploran con mayor profundidad en esta nueva cinta, estaban ya presentes en el largometraje debut del realizador: The Stranger (2021).

Esta primera entrega de la trilogía nos acercaba a Adnan (Ashraf Barhom), un doctor sin licencia afincado en los Altos del Golán ocupados por el ejército israelí. La primera escena de la película planta la semilla del desarraigo, plantea una marcha que no se producirá entonces, sino cuatro años más tarde en Yunan. Tumbada en la cama, Layla (Amal Kais) piensa en todas y cada una de las tierras lejanas a la suya y ruega ir a otro lugar, al que sea. Francia, París. ¿Alemania? Cualquier sitio lejos de aquí.

La cinta plantea pronto conflictos morales vinculados al dominio sobre el propio pasado, sus consecuencias más que negativas en el presente y, cuando uno deja de mirar hacia dentro, surgen además las problemáticas acerca de las rivalidades reglamentarias que traen la guerra y otras depravaciones. The Stranger avanza animada por simbologías casi universales en torno a la inocencia y su pérdida que se explicitan en ambientes crudos. En una tierra donde nada se mueve excepto la niebla, el director escapa de la banalidad y el morbo aun mostrando la cara más oscura de la actuación por los israelíes en el conflicto sirio.

Tras la primera aparición del desconocido herido (Ezat Abu-Jabal) que introduce la tesis principal de la película, se agrava la implicación sentimental del espectador a la par que lo hace la del protagonista. Se nos revela que este personaje ermitaño alberga más solidaridad de la que es posible imaginar en el contexto en que se ve obligado a estar. Pese a la intranquilidad constante que reclaman el ambiente belicoso y su antagonismo, queda el consuelo de saber que siempre habrá alguien dispuesto a dar entierro a un posible enemigo decretado entre mantas y manzanas. El afecto con el que se trata la dignidad del entierro me llevó hasta la Elegía a Ramón Sijé (Miguel Hernández, 1936), que jamás legará el espacio que tiene en mi pensamiento:

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
[…]
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

La trama del extraño no eclipsa en ningún momento el vínculo desgastado de Adnan con su familia, señalado por una ausencia prolongada que parece indicar que la unión ya no existe más que en el recuerdo. Este otro tema remite directamente a la memoria como otra de las cuestiones clave no solo esta película, sino en toda la obra del cineasta. Aquí la memoria va de la mano con los árboles, el acto de la escritura de Fakher Eldin recuerda al de un niño ya crecido que trata de recordar. El mecanismo de la evocación aquí es igual al del paso de los dedos por un tronco aserrado. The Stranger deja claro que hay muchos árboles en los Altos del Golán, pero las historias y las fotografías nos llevan a uno solo, a un árbol que también es casa.

«No se ve casa alguna ahí, solo es un árbol».

Son muchos los puntos que unen The Stranger con su sucesora, cintas que funcionan como un espejo; ambas obras se miran y se devuelven una imagen muy similar en su esencia. Las dos cintas comienzan con una cita de Al-Mutanabi, la primera de ellas busca ajustar cuentas con la memoria y el tiempo, la segunda con la distancia.

Yunan nos presenta nada más comenzar a Munir (Georges Khabbaz), un escritor falto de ideas viviendo en un país extranjero, con una madre enferma y una hermana dedicada a su cuidado. A pesar de las lagunas que van haciéndose cada vez más grandes en la memoria de su madre, la mujer sigue personificando una moderna traslación de la figura tradicional del hawakati. La difusión de esta profesión ha llegado a Occidente por medio de ficciones que incluyen cuentacuentos, haciéndose prácticamente global el conocimiento de esta costumbre tan apreciada. El pueblo sirio ha reforzado siempre su identidad por medio de los hakawati, narradores que han ido desapareciendo poco a poco por la remuneración insuficiente de su labor y el exilio que el conflicto ha conllevado.

Eman (Nidal Al-Ashkar), heredera de los hawakati y madre de Munir, se nos revela primeramente con su voz para después mostrarse en sueños y a través de sus propias narraciones, rescatadas a medias de la niebla que traen la edad y la memoria. A lo largo del metraje, se entremezclan los vaivenes de Munir con el relato que más le ha contado Eman, el del pastor maldito. Acompaña durante el transcurso de la cinta la dramatización del testimonio sobre el pastor sin boca, nariz u oídos; donde interviene Munir cuando su ánimo es consonante a lo narrado. Además de por la carencia de sentidos, la imagen del pastor se completa con una pareja más bella que la luna, con una sonrisa como la grieta de una granada. Al estilo de las leyendas del folclore, se confunden realidad y ficción, síntoma y somatización.

La emoción que produce Yunan en su aspecto visual se ve complementada por un guion consistente y magnético que nos lleva allá donde se dirigen los pasos del protagonista, de peregrinaje por Alemania en busca de una esperanza. Escapando de Hamburgo, como ya planteó Layla en la primera entrega de esta trilogía espiritual, donde lo único que avanzan son las nubes. En su travesía convivirá con numerosos personajes y conocerá otras historias, pero seguirá soñando con su madre.

«Esta noche la tierra desaparecerá».

Hanna Schygulla (El matrimonio de María Braun, Armonías de Werckmeister) interpreta a Valeska, el acercamiento a su personaje supone una apertura a nuevos conceptos. Se introduce un cierto tema apocalíptico, aparecen las llanuras desoladas y las difuntas ballenas varadas; el paisaje interior se extrapola a la lente. Las penas de Munir se resisten, aparentemente el escape no garantiza mejoría alguna, parece que aún se siente morir al mínimo contacto con lo que creyó dejar atrás.

Ameer Fakher Eldin mira al futuro y no ve más que una niebla que amenaza con acercarse cada vez más hasta envolverlo todo. La bruma de la nostalgia cubre su obra, una obra que propone una huida hacia adelante en contraposición a la vuelta a los lugares que nunca se han abandonado, donde nada cambia nunca. El próximo viernes 30, Yunan llegará a las salas españolas de la mano de Reverso Films. La cinta ha sido adaptada para el público español con un gran trabajo de subtitulado por parte de Muriel de Armas.
¡No dejéis de ir al cine! ¡No ignoréis el talento de Fakher Eldin!

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